Roger es mi mejor amigo. Nos conocimos como jefe y empleada hace más de tres años y desde entonces no hemos perdido nunca el contacto. Ahora no pasa día sin que nos veamos y nos pongamos al día con nuestras vidas. Un amigo de los que vienen a tu casa y investigan en tu nevera con nonchalance, de los que hablan con tus padres sin intermediarios y tienen permiso de llamarte a cualquier hora de la madrugada. Tim es mi hermano de cada día. Es más de un colega de oficina: tiene permiso de insultarme (cariñosamente), molestarme con pelotas de papel y hacerme cosquillas mientras estoy distraída. De hecho hay tanta confianza que a veces le llamo Roger, sin darme cuenta.
Hace un año que trabajo con Valentina. Ella me rescató de mi anterior trabajo, apostó en mi y sigue haciéndolo cada día, me empuja a que haga más y más, para que persiga mi vocación, pero sobretodo para buscar mi meta con alegría y hacer de mi vida un recorrido divertido y ecológico. Con el tiempo, la confianza mutua fue creciendo, aguas y cosas diversas han pasado bajo el puente y ahora somos amigas. Claudia vivió conmigo por 2 años. Compartimos más que un piso, fuimos como hermanas durante todo ese tiempo, y seguimos siéndolo. Experiencias en común, viajes y dolores compartidos pueden hacer de personas casi desconocidas, dos almas inseparables. Tanto, que desde que ella se fue a recorrer el mundo, de vez en cuando me descubro a mi misma llamando Valentina con el nombre de Claudia, sin darme cuenta.
¿Que pasa con mi cerebro? ¿Tan conectado está con mi corazón? O mejor dicho: he descubierto que mi cerebro hace conexiones lexico-emocionales por defecto… Asombroso. Osea: Roger y Claudia son los amigos por excelencia, con lo cual mi cerebro asocia los mismos tipos de relación con los nombres correspondientes. Fascinante. Claro está que esta es mi interpretación de lo que le ocurre a mis sinapsis cuando “me confundo” de nombre. Porqué ojo: nunca llamo a Roger de Tim o a Claudia de Val, siempre me equivoco de la misma forma (y con esto descartamos en un plis la hipótesis de estar sufriendo algún síntoma de enfermedad psico-neuronal en estado incipiente, por si acaso). Lo que creo es que a sentimientos y situaciones parecidas el cerebro asocia la keyword correspondiente. Como cuando en las películas los personajes llaman a sus cónyuges con el nombre del amante. Suerte que lo mío es mucho menos embarazoso.
Pero de esto, también saco una información muy útil para mi felicidad, presente y futura: siempre habrá un Roger y una Claudia por ahí en el mundo esperando a ser descubiertos. No importa cuantas vueltas dé mi vida y cuantas personas se alejen de mi, siempre encontraré alguien que coincida con mi manera de mirar, mi manera de reírme o mi forma de caminar. Permaneciendo receptivos se conoce a la gente adecuada y el tiempo hace todo lo demás.